lunes, 13 de marzo de 2017

Maracaibo, diariamente produce, además de calor, 3.000 toneladas de basura.


SI ALGO PRODUCE LA CIUDAD DE MARACAIBO –EN VENEZUELA- ES BASURA. Maracaibo <> como era llamada hace años atrás, y de cierto modo parece que aún lo fuera, pero por la basura que produce. Maracaibo actualmente se encuentra cubierta en su mayoría de desechos orgánicos e inorgánicos, es decir basura. La mala gestión de los entes correspondientes encargados de su debida recolección, tratamiento y disposición finaljunto con la falta de concienciación de los habitantes de esta ciudad, han traído como consecuencia una ciudad donde la contaminación visual y estética es predominante entre los otros tipos de contaminación. ¡Pareciera que lo único que esta ciudad produjera es basura! Llama la atención En las esquinas de las calles, en los frentes de las casas y hasta en las plazas se ven montañas de bolsas de basura, ramas secas, troncos, arena, desechos de construcción y hasta animales muertos.Los cúmulos de desechos, algunas veces, obstruyen el paso de los marabinos en aceras y calles. Los olores que desprenden las bolsas son fuertes y en la mayoría de casos, están abarrotadas de moscas que generan enfermedades a los habitantes aledaños. El casco central es un ejemplo de está problemática, en donde está presente la basura en las calles, los comerciante informales, en su mayoría, dejan sus desechos en las islas divisorias de las vías, con el viento se vuelan los cartones o perros hurgan las bolsas, las rompen y riegan por el lugar la basura. La alcaldía de Maracaibo ha establecido rutas para realizar la recolección de desechos sólidos, para esto ha dividido el municipio en Zonas y en cada zona específica las parroquias y los días que se supone que pasará el camión recolector. Por nombrar algunas parroquias tenemos que en Olegario Villalobos pasa los días Lunes, Miércoles, Jueves y Sábado, en Cecilio Acosta Martes y Viernes y en el Casco Central a Diario. Tomando esto en consideración entonces, en esta parte tan importante de la ciudad como lo es el casco central no debería de haber la cantidad de basura que hay. Sin embargo, la hay. Y es una realidad que tienen que vivir, transeúntes, habitantes y comerciantes del lugar. Casco central de Maracaibo OmaraOrtiza, colombiana radicada en Venezuela desde hace cuatro años, nos da un testimonio respecto a este problema “la problemática comienza en la conciencia del “maracucho” que tira basura. “Es terrible que el pueblo no valore su tierra, más que las autoridades es el zuliano que debe tener un sentido de pertenencia con su casa Maracaibo”. Para 2012 la ciudad de Maracaibo generaba diariamente 500 toneladas de basura, hoy en día produce cerca de 3.000 toneladas. Ricardo Boscán, presidente del Instituto Municipal de Aseo Urbano, el cual es un ente adscrito a la Alcaldía de Maracaibo reveló que la cantidad de camiones es limitada y que se necesitan 120 camiones compactadores para hacer la recolección de basura como es debida y solo tienen operativos 60. En Maracaibo, donde habitan alrededor de 2 millones de personas se presentan problemas que sobrepasan los límites locales, como la escasez de áreas para la disposición final de los desperdicios, conflictos en el uso del terreno con la población establecida alrededor de las instalaciones para el tratamiento y destino final, exportación de basura a municipios vecinos, basureros que contaminan los escasos recursos hídricos, proliferación de vertederos clandestinos y pare de contar. Vayamos más a fondo La basura doméstica contiene un 50% de restos orgánicos. Según la normativa vigente, los desechos sólidos de origen doméstico no clasificados como peligrosos (preferiblemente orgánicos) deben ser dispuestos en un relleno sanitario que cuente con recolección y tratamiento de gases y lixiviados; sin embargo, la mayoría de los desechos se disponen en sitios que no cumplen estas normas. El relleno sanitario “La Ciénaga" a donde va a parar la mayoría de la basura que genera Maracaibo ya no debe ser considerados como relleno sanitario, aunque fue construido con esta ingeniería y funcionando en sus inicios de esa manera. Producto de la mala administración y el mal manejo técnico lo convirtió en un vulgar vertedero de basura. Relleno sanitario “La Ciénaga", en el Municipio Jesús Enrique Lossada, del estado Zulia. Algunos epidemiólogos explican que la acumulación de basura a cielo abierto causa diferentes tipos de afecciones y enfermedades a los ciudadanos, y que se pueden dividir entre gastrointestinales, micóticas y respiratorias. • Grastrointestinales: son las afecciones más frecuentes que produce la basura, y se adquieren por la ingestión de alimentos contaminados por heces fecales y otras bacterias. Las más comunes son la amibiasis y la salmonelosis. • Micóticas: afectan la piel y toman la forma de irritaciones cutáneas de todo tipo. Son causadas por los hongos que se producen en la basura que se acumula durante mucho tiempo en un espacio abierto. También afectan el pelo y las uñas. • Respiratorias: se adquieren sobre todo luego de respirar el aire contaminado con virus y bacterias que se depositan en las paredes de los pulmones. Se irritan los ojos y las fosas nasales y se disparan los casos de asma y bronquitis. Xiomara Balbuena habitante del sector cañada honda del municipio Maracaibo nos cuenta que cerca de su casa existe una vertedero de basura improvisado, cuéntenos sr le ha traído enfermedades a causa de la basura acumulada? Si mija, yo vivo con infecciones respiratorias y a cada rato vivo yendo para el médico y él me dice que mientras exista ese botadero de basura frente a mi casa yo no mejoraré. Por su parte otra vecina de la urbanización la rotaria, llamada Josefa Camacho manifestó no solamente nos perjudica el mal olor, sino el montón de moscas que se mantienen en las casas y ustedes también votan la basura allí?, si no tenemos otra forma de deshacernos de la basura, el aseo pasa cada 15 días cuando menos… que podemos hacer? Es una situación que se escapa de nuestras manos. ¡Mantén limpia tu ciudad! Es una de las frases que se pueden ver en las principales avenidas de Maracaibo. Mientras tanto tal mural irónicamente lo conseguimos acompañado a montón de basura en la avenida la limpia. Y puede pensar un ciudadano… qué produce Maracaibo aparte de basura, pues no se sabe con exactitud pero tenemos basura hasta para exportar, sí ¡exportar! Existen países como Suecia en donde se ha comenzado a importar toneladas de basura al año del resto del continente ya que se han quedado sin basura. Es decir que cuentan con políticas públicas o planes que están estrechamente ligados con la actividad económica y al mismo tiempo cuidando el ambiente y librados de este mal, que es la basura. Otras naciones como Suiza, Austria, Alemania, Holanda y Noruega no se quedan atrás. ¿La basura en Maracaibo es politizada? Un lunes de octubre del 2013, en el casco central de Maracaibo se acumularon toneladas de desechos sin recoger tras el secuestro de 15 camiones del Instituto de Aseo Urbano de Maracaibo (Imáu). buhoneros al llegar a sus puestos de trabajo temprano en la mañana tenían las mesas invadidas de basura. En vista de que el camión de aseo urbano no recorrió el pasado lunes el casco central, los trabajadores de los restaurantes y tiendas depositaron los desperdicios en donde los buhoneros exhiben su mercancía. Estos, en reacción en cadena, la trasladaron hasta el asfalto. El problema se trasladó de un lugar a otro. Las montañas de basura se multiplicaban en las calles del centro de Maracaibo, en especial en el sector San Felipe. La paralización del servicio de recolección debido al secuestro de 15 camiones pertenecientes al (Imáu) se hizo evidente. Las fallas, registradas desde la semana anterior, se habían incrementado. Para Andreína Portillo, vendedora de un puesto ubicado frente al Paseo Ciencias, el cúmulo de desperdicios no era más que una muestra de la batalla electoral. “Cuando se acerca un proceso de elecciones en Maracaibo, el problema de la basura lo convierten en un juego político. Es una dañina tradición que solo afecta a los ciudadanos”. Y es que en Venezuela, agregó Arturo Romero, quien esperaba un carro por puesto en la vía, “en la política se vale de todo”. Ambos vivieron en una ciudad repleta de hasta 80 mil toneladas de desechos en octubre de 2008 cuando Gian Carlos Di Martino (alcalde de la ciudad para entonces), a un mes de perder el proceso electoral, sucumbió a las 18 parroquias en un vertedero tras las presuntas estafas con las empresas de recolección. Para Joaquín Chaparro, concejal de Maracaibo en ese año, el problema respondía a un plan de sabotaje a las próximas elecciones municipales que se realizarían en el país. El uso de la basura como desestabilizador, recalcó, no es nuevo. “La crisis ambiental inició en 2008 cuando Gian Carlo Di Martino vendió 120 camiones a un particular y recibió un cheque sin fondos al saber que se le venía una derrota electoral. Otro acto fue al excluirse el pago del servicio de aseo urbano del recibo de electricidad e impedirse la recaudación de siete mil millones de bolívares para el momento". Sentenció que el secuestro de unidades, hostigamiento al personal del sistema de recolección de basura y amenazas contra los directivos del Imáudebía ser penado. Exhortó a Francisco Arias Cárdenas, gobernador del Zulia, a detener la campaña, y señaló a Carlos García, secretario regional de Ambiente, de hacerse parte del plan contra los ciudadanos. La disposición final Para el médico sanitarista y profesor de LUZ, Ricaurte Salom Gil, el servicio de aseo urbano de Maracaibo no ha mejorado en nada. “Sigue siendo el sistema antiguo y amenaza a la población, porque el transporte se hace de forma inadecuada y la disposición final no se cumple cómo debería, se incumplen las normativas, resoluciones y decretos en materia ambiental, porque es un problema de educación”.

¡VOCES DEL HAMBRE! Escalofriantes testimonios de venezolanos obligados a comer de la basura


D / Mar 13, 2017 @ 3:00 pm A Valeria todavía le da vergüenza, pero prefiere hurgar la bolsa de basura antes que “morirse de hambre”. Se refiere a ella y sus tres niños, de 6, 5 y 2 años, a su cuñada y otros dos pequeños, que hace dos meses comenzaron a buscar comida en la basura de los edificios de Colinas de Bello Monte, una urbanización de clase media de Caracas. (Vea aquí: imágenes de la gente que hurga la basura buscando comida en Venezuela). Sobras de arroz, pasta y pan, frutas a medio descomponer, pellejos de pollo y retazos de grasa de carne son meticulosamente escogidos por las mujeres mientras sus maridos cuidan que nadie se les acerque a ellas ni a los niños, que juegan con otros desperdicios. Con las manos peladas, respiran hondo y ponen las sobras animales en una bolsita, las de vegetales y pastas en otra y meten todo en cajas de cartón. Lo que salvan es “para la cena”. “Por esta zona la basura es buena, la gente de por aquí bota mucha comida. Todo lo que encontramos lo cocinamos otra vez en la casa, le quitamos lo feo. Pero a los niños les damos lo que nos regala la gente, lo de la basura es para nosotros (los adultos)”, cuenta Valeria. Ella trabajaba como persona de mantenimiento en un centro comercial de Chacaíto, pero en diciembre la despidieron. “Nos botaron casi a todos”, se lamenta. A su cuñada, una empleada doméstica joven, tampoco la contrataron de nuevo. Se les acabaron la plata y la comida. Sus maridos, obreros de construcción, no consiguen trabajo y un día, bajo el calor abrasador del rancho en los Valles del Tuy, en las afueras de Caracas, tomaron la decisión. “¿Sabe qué es peor que ese calor? –pregunta–. Tener hambre”. La estampa de estas familias se repite pavorosamente en calles y avenidas de Caracas, especialmente cerca de restaurantes o mercados, desde hace por lo menos tres meses. Son pequeños clanes que se diferencian de los mendigos. No son gente en harapos (todavía) que vive en la calle, sino personas recién empujadas a la pobreza extrema por la crisis económica venezolana, traducida en una inflación que el último año superó el 600 por ciento y una escasez de alimentos básicos que rebasa el 70 por ciento. Algunos, como la leche en polvo o el azúcar, prácticamente desaparecieron. En Venezuela, el notorio aumento de personas que hurgan en las basuras ha sido cuantificado como una “estrategia de sobrevivencia” en varios estudios. Una encuesta elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello y Ecoanalítica en noviembre del 2016 concluyó que el 8 por ciento de los venezolanos admiten que “recogen de la basura para comer”, lo que proyectado equivaldría a 2,4 millones de personas. A ese mismo porcentaje llegó un estudio de Cáritas de Venezuela –realizado en cuatro estados del país, incluyendo Caracas y Zulia– que identifica que el venezolano ha cambiado su forma habitual de adquirir alimentos (comprarlos en mercados), teniendo que acudir a compras de alimentos revendidos con sobreprecio, hacer trueque, pedir comida a familiares y comer de la basura. “Se registraron también estrategias como comer en la calle, incluyendo la mención de las sobras de restaurantes y contenedores de basura (8 por ciento de hogares), ‘pedir’ comida en la calle y comer con la ayuda de la Iglesia (3 por ciento de hogares)”, dice el estudio. En ese escenario encaja perfectamente el caso de Diego, un hombre de 60 años que en diciembre perdió su trabajo en un aserradero. Su cara limpia y barba rala no concuerdan con las manos pringosas que sostienen lo que será su comida del día, una bolsita con pellejos de pollo. “En la casa los lavo bien y los frío hasta que quedan duros, como un chicharrón”, explica. “Me los como con un pan o un poquito de arroz. Solo cuando tengo mucha hambre, si consigo algo más o menos me lo como aquí mismo”, cuenta en un basural de la avenida Francisco Solano, en Caracas, famosa por sus restaurantes de comida española e italiana, y a donde ahora acuden decenas de personas a buscar las sobras. Mientras habla con EL TIEMPO, un muchacho tira tres bolsas. Una de ellas tiene un pan grande y duro como un bate, una joya en medio de las cáscaras de patilla y plátano, las moscas y los pañales sucios. “Con esto puedo comer tres días. Lo pongo en la candela y se tuesta”, anota Diego. La última frontera Las personas que comen de la basura no quieren hablar de eso. La vergüenza se expresa de mil formas, desde el grito que espanta a quien se acerca hasta la negación: Nooo!, esto no es para mí, son sobras que recojo para el perro”, asegura más de uno. Quienes finalmente acceden a hablar con este diario esperan dejar de hacerlo tan pronto tengan un trabajo o algún ingreso. Francisco tiene un trabajo de obrero en una mueblería pagado con el sueldo mínimo (apenas 40 dólares mensuales, al cambio del dólar paralelo, sin contar el bono alimentario), que, asegura, no le alcanza para él, su esposa y dos pequeños. En las tardes se rebusca en la basura de la zona residencial La Florida, junto a otro hombre que trabajó puliendo mármoles y granitos “hasta que la empresa cerró el año pasado”, una camarera del hospital Vargas también despedida en diciembre y una muchacha sin casa, embarazada. A ella, tiernamente, le dieron las sobras de pasta más limpias que encontraron esa tarde. El resto esperaba la noche –cuando otros edificios sacan la basura– masticando unas palomas de maíz viejas. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2016, elaborada por investigadores de la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar, en los dos últimos años prácticamente se duplicó el número de hogares pobres en Venezuela, pasando de 48 por ciento en el 2014 a 81,2 por ciento en el 2016. El sondeo, muy respetado por su respaldo académico y amplia muestra (más de 6.000 familias consultadas), señala que al 93 por ciento de las familias no les alcanza el dinero para comprar comida. Estos escalofriantes números, impensables para un país petrolero con las características geográficas y humanas de Venezuela, esconden un impacto psicológico. “Las consecuencias de comer en la basura no son graves solo a nivel biológico: el daño es tremendo porque se traspasa la frontera de la dignidad. La persona que sale a comer de la basura se pone en estado de extrema vulnerabilidad, no puede ejercer debidamente su derecho a la alimentación y, finalmente, sufre un atentado contra la autoestima que dificulta la posibilidad de mejoramiento. ¿Dónde queda la autovaloración de una persona que tiene que comer de la basura? ¿Cómo, en qué condiciones, puede buscar o rendir en un trabajo?”, plantea la doctora Marianella Herrera, nutricionista y directora del Observatorio Venezolano de la Salud. El fenómeno, imposible de obviar, ha comenzado a cambiar el patrón de muchos venezolanos a la hora de botar la basura. Aunque en este país no existe una cultura de reciclaje ni de separación de desperdicios, la gente y hasta los restaurantes han empezado a desechar los alimentos en contenedores aparte, para que se contaminen lo menos posible con otros desperdicios. En una reconocida cafetería de Caracas se bota separada del resto de la basura la ‘galleta’ del café (los restos del café molido y utilizado), pues mucha gente lo busca y lo cuela de nuevo. Pese al hambre, todavía no todos se atreven a abrir una basura, sino que comen de lo primero que se desecha en los mercados: las frutas y las verduras magulladas o feas, no aptas para la venta. La temporada del melón convirtió la semana pasada al Mercado de Coche en un enjambre de personas que esperaban los melones pequeños, feos y con magulladuras que desechan los vendedores. En silencio, su desesperación contrastaba con el olor dulce de la fruta. Karen, de 20 años y con su niña de 2 abrazada al cuello, recogió dos y desayunó uno con la nena al lado del camión. Lo comen hasta dejar la cáscara como una tela traslúcida. Como llegó a las 4 de la mañana, consiguió dos plátanos y unos pepinos, que será la comida del día para ellas y su otro hijo, que está en la escuela. Prefiere ir muy temprano en la mañana, pues asegura que aunque en la tarde hay más cosas llegan hombres con palos que se apropian de los desperdicios, incluyendo las bolsas de basura. “Esto ahora es peligroso. Esa gente se adueña de la basura, agarra lo mejor y lo vende por ahí”, dice. Es verdad de Perogrullo decir que la desnutrición comienza a despuntar en Venezuela, sobre todo en los niños. La doctora Maritza Landaeta, médica y directora de la Fundación Bengoa –dedicada al estudio de la nutrición en Venezuela– comenta que, desde el 2012, en el país empezó a disminuir el número de personas con sobrepeso. Mientras adelanta un estudio sobre el estado actual de la nutrición en Venezuela, Landaeta expone algunos datos alarmantes, como que en el hospital de niños J. M. de los Ríos, de Caracas, históricamente no se atendía a más de 12 o 15 niños al año por desnutrición severa, pero en el 2016 el número alcanzó los 120. Cuestión de vida o muerte Clara buscaba, junto con sus dos hijos en edad escolar, en las basuras de una panadería. No tuvo más remedio, pues los niños ya han perdido muchos días de escuela. “Usted sabe, no los puedo mandar sin nada en la barriga: se me desmayan”, dijo. Sonaría exagerado si no fuera porque desde el año pasado abundan estas denuncias y hasta una liceísta, en un lance, se atrevió a darle el dato al presidente Nicolás Maduro, en vivo, en su programa de televisión: “Necesitamos el comedor porque muchos de los estudiantes se han desmayado”. Ahora es tanta la gente que busca en la basura que algunos, como Kenyer, de 22 años, que sí vive en la calle, defienden sus bolsas a cuchillo. Lo lleva al cinto bien visible, sobre todo cuando busca los restos de pan y dulces de una panadería a la que va desde hace años. “Yo estoy en la calle desde los 8, ¿sabe? Y esa basura es mía. Ahora viene toda esa gente de Charallave (en las afueras de Caracas) y quieren agarrar la basura de uno. Yo abrí esa puerta para mí, no para ellos, así que al que tenga que cortar lo corto”, afirma. Kenyer solo muestra indulgencia con niños que, junto con él, hurgan la basura. Les deja agarrar un pedazo de sándwich que encontró en una esquina en Chacaíto. Probablemente, lo único que comerán en todo el día VALENTINA LARES MARTIZ / Corresponsal de EL TIEMPO

lunes, 27 de febrero de 2017

Acontecer empresarial:Prensa Hispanica,avanza


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Domingo 26 Febrero 2017, Como tradicion en el Municipio del Porvenir en Santa Ana, este dia se celebro el festibal de la sandia en ese municipio, del derivado de esta refrescante fruta se puede degustar bebidas tipicas de diferentes sabores, dulces entre otros, los productores de sandia construyen sus chozas de zacate en el campo donde la cultivan y ahì acampan para vender al menudeo y por mayor-Sobre todo la seguridad es un lugar tranquilo donde la PNC permanece dia y noche, estan todos invitados.